Un día triste y paranormal

Han pasado días, semanas, tal vez meses... y no me acuerdo exactamente de por qué Rocío planteó la reapertura de este blog. Buenas noticas? Salvar el planeta? Somos bichos raros incomprendidos y necesitamos descargar en alguna parte? Supongo que en el fondo sería por algo así. Lo cierto es que últimamente (bueno, en realidad hace ya mucho, mucho tiempo) dedico horas y horas a internet que no son más que tiempo perdido, gastado en nada útil, sólo en mirar lo que me pongan por delante, sin buscar nada, sin saber qué quiero y sin producir yo nada que merezca la pena en todos esos minutos que caen en saco vacío. Simplemente enchufo mi cerebro a una pantalla como máquina que se recarga en el enchufe de la pared. Y hoy el día nos despierta con la noticia terrible de una antigua compañera que ha decidido quitarse la vida y semejante tragedia nos golpea como una bofetada que no te esperas y dices ¿pero qué estamos haciendo? ¿por qué malgastamos nuestras vidas, abocadas tantas veces a finales macabros y repentinos? Y me apetece escribir. Me apetece hoy y muchos días, pero no lo hago. Y no lo hago porque es difícil encontrar el momento, porque requiere sentarse, un poco de calma, concentración... y en el ritmo de superwoman, madre de dos niñas y una perra es complicado encontrar ese instante de paz y tranquilidad. Recuerdo cómo escribir nos mantenía unidas en las noches de desvelo en que estudiar era la principal tarea de nuestras vidas y en los relajados veranos de levantarse tarde y salir por la noche a beber sin sed, sin motivo y sin prisas. Y entonces, al llegar a casa, tener aun el aguante y las ganas de sentarte delante del ordenador a descargar pensamientos, emociones, historias con o sin sentido, mejor o peor escritas, más o menos interesantes, pero probablemente siempre tan terapéuticas en una etapa de nuestras vidas en la que tal vez aun nos perseguían fantasmas de la adolescencia o preocupaciones que ahora nos parecerían absurdas pero entonces tan importantes. Recuerdo escribir con ilusión, sabiendo siempre que había amigas al otro lado. ¿Y ahora qué? Nos necesitamos igual. Nos vemos cero, pero seguimos conectadas, al otro lado del wasap yo sé que estáis ahí. Pero estos ratitos... estos ratos de descargar la cabeza como quien vomita cuando está empachado y se queda más a gusto que en brazos, yo sé que me sabrían a gloria y me ayudarían a desatascar bolondros que algunos días me cuesta digerir más de la cuenta. 
Vuelvo a la tragedia del día. Pienso si haberse dedicado a otra cosa hubiese salvado la vida de esta pobre muchacha. Seguramente. Qué importante encontrar en nuestras vidas el camino que nos haga felices o al menos que no trastorne nuestra salud mental. Supongo que si ella se dedicaba a lo que se dedicaba y aun así ha llegado a este punto, creería que ya no habría nadie que pudiera salvarla. En mi mente su recuerdo de la que fue hará diez o doce años, con mirada de buena persona y esencia de incomprendida. Espero que su alma descanse en paz y haya terminado su sufrimiento. 
No prometo nada, pero me gustaría seguir escribiendo. Por desahogarme, por conectarnos, por vaciar mi cabeza de tantas cosas a veces hermosas y a veces basura que si se me quedan dentro me van a explotar como un grano interno y tendré que cagar en diarrea pestilente. 
Os quiero, florecillas. Gracias por estar ahí. Yo también estoy aquí. 
Besitos....... mua mua mua 

Comentarios

miss candy candy ha dicho que…
Me encanta leeros. Es como si escuchará vuestras vocecillas con vuestros respectivos acentos, igual que hace 10 años... Recuerdo no sólo las entradas en los blogs, sino tb esos emails que nos evadian de todo y todos y me hacían reír hasta no poder más. Totalmente de acuerdo en expresar nuestros sentimientos sin tabús, y sin duda el escribir descargar y libera y te hace sentir más cerca de las personas que más quieres. Descansa en paz compañera

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